De la euforia a la incertidumbre

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El sector de la sociedad que eligió a Mauricio Macri como Presidente ahora se pregunta cómo será su gobierno. A pesar de las muestras de claridad durante la campaña sobre su programa político, económico y social, muchos confiaron en la necesidad de ese cambio. Sin embargo, las dudas no tardaron en llegar y las tensiones están a la vista. El cambio es cambio. Cambiar es hacer algo diferente, tomar otra dirección y en ese camino avanzará el nuevo gobierno. Esta claro que asistiremos a una revisión de todas las medidas tomadas durante estos 12 años. Mauricio Macri tiene buenas razones para creer que no le va a resultar fácil desarrollar sus programas. El escueto triunfo, en definitiva, plantea un país mucho más dividido en lo se debe ser y hacer. El peronismo pasa a la oposición con orgullo por estos años, saliendo por la puerta grande y dispuesto a defender desde el poder legislativo las ideas y decisiones que sostuvieron estos tres mandatos.

El gobierno de Macri transitará los primeros tiempos entre tensiones naturales de la derecha y una nueva tecnocracia a cargo del Estado. Antes de asumir ya comenzaron las advertencias: la Corte Suprema salió a tomar decisiones postergadas sobre las provincias; el sector del campo asegura que va a vender cosechas anteriores pero no todo lo que tienen guardado; las industrias alimentarias empezaron a revisar todos los precios para acumular ante posibles inconvenientes futuros; el diario La Nación pidió resolver el “vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad”; Carrió y Sanz asumieron su irrelevancia y se fueron a cuarteles, esta vez de invierno. Queda a la vista que las tensiones ya arrancaron y las corporaciones quieren ser quienes definan las decisiones de la nueva etapa.

Algunos planteos de estos sectores difícilmente puedan ser atendidas con urgencia. El nuevo gobierno tiene dos opciones: avanzar en medidas drásticas, llamadas de shock, que reconfiguren todas las reglas de juego con rapidez afectando el ánimo social o ir en una gradualidad que pueda sostener el orden social pero impacientar a ese poder concentrado que el mismo Macri llama Círculo Rojo.

El respeto a las Instituciones de la República, siempre tan pregonado, parece no ser tan importante para el Macrismo que exige la renuncia de funcionarios que por Ley tienen mandato hasta 2017, justamente para que sus gestiones transiten la mitad de dos mandatos presidenciales, poniendo al Estado y sus Instituciones por arriba de las personas. Las zonceras y exabruptos están a la orden del día provenientes de una fuerza política que venía a proponer la unidad nacional. Néstor Kirchner ejerciendo la presidencia pidió perdón por el silencio y la complicidad del Estado con los crímenes de lesa humanidad. Asumió las atrocidades cometidas y sobre todo la vergüenza de callar en democracia. Comenzó a sanear una historia no resulta, heridas demasiado grandes y lo hizo sin odio ni ánimo de revanchismo. “No es rencor ni odio lo que nos guía y me guía” pronunció. Por estas horas la pregunta es: ¿Podrán decir lo mismo Macri y sus Ministros?

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