1000 días en los que pasaron más de 1000 cosas

Este martes, el gobierno de Mauricio Macri cumplió 1000 días en un clima de absoluta incertidumbre por la crisis económica y la drástica devaluación. El balance con el que nos encontramos hasta aquí es que cerraron más de 7500 pymes, la deuda aumentó 200 mil millones de dólares, la inflación ya suma 120% y este año será superior al 40%, la pobreza aumentó al 35%, las tarifas aumentaron más de 1200%, el desempleo subió del 5,9% al 9,1%, el haber jubilatorio se redujo a la mitad pasando de 460 a 227 dólares y lo mismo ocurrió con el salario mínimo que pasó de ser el más alto de latinoamérica con un valor de 589 dólares a caer hasta el octavo lugar en la región por un valor de 250 dólares. A estos datos debemos sumarle la pérdida de garantías constitucionales propias del Estado de derecho, la reducción en la estructura pública y el des-financiamiento a las provincias y a los municipios con graves consecuencias institucionales y sociales. Como consecuencia final, el gobierno decidió recurrir al Fondo Monetario Internacional, para un salvataje que los argentinos desgraciadamente ya tristemente conocemos.

Sin embargo, no todos pierden. Una estricta minoría, tales como las empresas de servicios energéticos, finanzas y bancos, han incrementado sus ganancias mientras la gran mayoría de los argentinos sufrimos las consecuencias de este brutal ajuste. En paralelo, los grandes medios de comunicación en una coordinación asombrosa con el poder judicial, nos muestran una agenda donde se lucen las persecuciones permanentes a los dirigentes políticos opositores.

Los jóvenes, que vivimos el 2001 en nuestra infancia, hoy sentimos y padecemos en carne propia la gravedad de la situación del país y tenemos la responsabilidad de proponer y defender una alternativa. Mientras la Argentina no tenga un programa de desarrollo nacional, no se cuiden a las industrias locales ni se fijen reglas claras e igualitarias para todos, sea cual sea el ámbito en el que nos desarrollemos, atendiendo con prioridad los objetivos estratégicos como Nación, todo será muy difícil.

Frente a esta estrategia de las frustraciones, en la cual pretenden volver a hacernos culpables a los ciudadanos de situaciones que no generamos, sólo tenemos una herramienta que puede tomar muchas formas pero que es la política. Aquellos que mueven los hilos del poder y se manejan impunemente tienen otros tiempos y otras formas. Nosotros tenemos la palabra, el diálogo y el consenso como herramientas para hermanarnos en una instancia superadora. Tenemos el derecho a expresarnos e ir a votar, pero con mucha más fuerza el derecho a participar. Independientemente de lo que cada uno decida, el ámbito en el que pueda aportar o desenvolverse para construir una sociedad mejor, algo es concreto: así no podemos seguir. En estos 1000 días en los cuales “pasaron cosas” que nos entristecen y amargan, no podemos entregarnos a la resignación, que nunca fue el camino en la historia grande de la Argentina. Tenemos en nuestra memoria activa tiempos mejores que deberemos saber revivir.

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