12 de octubre: Nos descubrimos latinoamericanos

Hoy es 12 de octubre, una fecha en la cual se cruzan sentidos. Durante muchos años celebramos tristemente “el Día de la Raza”. Su tradición recogía de alguna manera aquella definición de Domingo Faustino Sarmiento que nos decía que teníamos dos caminos: el de la civilización o el de la barbarie. Aquel principio chocó con muchas resistencias, hasta encontrarse con las ideas y la pluma imbatible de Arturo Jauretche, quien en 1968 la identificó como la zoncera madre de la Argentina al decir que “la idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América”.

Su impacto está claro, cuando estudiamos historia universal estudiamos la historia de Europa, como si nada hubiera pasado en ese tiempo en otras latitudes y longitudes. Sin embargo, debieron transcurrir muchos años para que se modifique esta tradición de recordar el encuentro de América con el hombre occidental y europeo como el Día de la Raza. En 2010, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner convirtió esta fecha en el Día del respeto a la diversidad cultural, considerando que “se modifica la denominación del feriado del día 12 de octubre, dotando a dicha fecha de un significado acorde al valor que asigna nuestra Constitución Nacional y diversos tratados y declaraciones de derechos humanos a la diversidad étnica y cultural de todos los pueblos”. De alguna manera, esta diversidad nos invita a pensar en un encuentro. Este nuevo sentido, nos posiciona en otro lugar más interesante, pero entonces, ¿qué es cultura? ¿existe una cultura latinoamericana?

Enrique Dussel, filósofo argentino que abona la teoría de la transmodernidad como respuesta a la forma de estudiar la historia universal, realizó hace muchos años un invitación a “situar América Latina en el proceso de desarrollo de la humanidad desde su orígenes (desde la especie homo), pasando por el peleolítico y neolítico hasta el tiempo de la invasión de América por parte del Occidente”. Siguiendo la línea de Jauretche, condena la visión de Sarmiento como la de “elites ilustradas cuyo dominio significaba dar la espalda a la ancestral cultura regional”. Además, Dussel hace un aporte central a nuestro debate al plantear la civilización como “un sistema de instrumentos” y a la cultura como “a los grupos humanos creadores de civilización o portadores de ella, y que la usaron de modo particular en vista de realizar sus valores propios”.

Las culturas como sistemas de civilización en base a valores pueden ser aplastadas por otras culturas que buscan imponer otro sistema de instrumentos y valores. Cuando nos llamamos a defender una cultura nacional (latinoamericana), nos llamamos no a un simple acto reivindicativo de cosas que pasaron, sino a construir nuestro futuro a partir de las experiencias de nuestros antepasados. En este aspecto, no podemos ignorar que muchos de nosotros, por no decir la mayoría, somos nietos o bisnietos de europeos, que llegaron a América en búsqueda de trabajo, paz y tranquilidad. Llegaron buscando un futuro para ellos y sus generaciones futuras, para nosotros. En definitiva, somos hijos de tradiciones y de historias que se encontraron más de una vez, a veces por la fuerza y por la sangre, otras veces por la hermandad y solidaridad. No podemos ignorar ninguna de las dos.

Si consideramos en eliminar algo, “la barbarie”, al final del camino volveremos sobre cosas que seguimos sin entender ni comprender. No somos europeos y claramente estamos lejos de otras culturas como las orientales, tampoco somos originarios de estas tierras, nos descubrimos latinoamericanos, nos descubrimos argentinos.

En este descubrimiento, se debatieron las teorías de la dependencia. Nuestra historia está enmarcada por el sometimiento económico pero también cultural. Ahí aparecen distintas formas de imposición, de nuestro rol en el juego global como un país periférico que nos condena al “subdesarrollo”. Sin embargo, muchas de estas teorías y del llamado a desarrollarnos como obligación, tenían que ver nuevamente con el deseo de ser europeos. Otra vez nos descubrimos latinoamericanos y en cada parte de nuestro continente protagonizamos y con mucha intensidad después del año dos mil, proyectos políticos y sociales que buscaron un modelo propio de desarrollo, donde no había un lugar establecido a donde llegar, sino en todo caso un camino y un lugar a crear.

En esta fecha del aniversario del “descubrimiento” de américa, nos llamamos a responder de otra manera, “nos descubrimos latinoamericanos” para soñar y construir a partir de nuestro esquema de valores y de nuestra civilización la defensa y permanente construcción de nuestra cultura por un presente y un futuro más igualitario y más justo.

0saves
If you enjoyed this post, please consider leaving a comment or subscribing to the RSS feed to have future articles delivered to your feed reader.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *