Una nueva y gloriosa Nación

El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal; que sus pasiones tengan un dique más firme que el de su propia virtud; y delineado el camino de sus operaciones por reglas, que no esté en sus manos trastornar, se derive la bondad del gobierno, no de las personas que lo ejercen, sino de una constitución firme, que obligue a los sucesores a ser igualmente buenos sin que en ningún caso deje a estos la libertad de hacerse malos impunemente». Mariano Moreno, Gazeta de Buenos Aires. 1 de noviembre de 1810.

El camino a octubre está minado de operaciones mediáticas – judiciales. El problema económico ya está sobre diagnosticado y este gobierno no tiene la visión ni el interés de darle una respuesta a millones de argentinos que atraviesan la crisis. Esta vez, como ocurrió antes en la historia Argentina, el derrumbe se hizo desde adentro. Fueron las propias decisiones del Gobierno Argentino, las que nos llevaron a esta dramática situación. A pesar del esfuerzo de los agentes del fracaso premeditado, no nos queda otra opción más que comparar: ¿Cómo vivimos hasta el 2015? ¿Cómo vivimos ahora?

Se aproxima el tiempo de un gobierno reparador. Ante los problemas que todos los días golpean la puerta, es necesario dar una respuesta política que se materializará en una propuesta electoral. Pedir que el gobierno modifique el rumbo carece de todo tipo de sentido, esencialmente porque no les interesa. Está claro su proyecto de país. Solo el rencor que se choca cada día con la realidad, puede retener algún nivel de adhesión a este desastre.

Comenzar a conformar un gobierno de transición hacia una nueva senda de crecimiento y oportunidades que tenga como prioridad el bienestar de más de 40 millones de personas y no de una primera minoría. Ese gobierno tendrá en inmediata instancia por lo menos tres responsabilidades: Reactivar la producción, el consumo interno y fijar un nuevo rumbo económico; re-negociar la deuda, plazos y condiciones con el Fondo Monetario Internacional para que no se pague a costa del daño y sufrimiento de los argentinos; garantizar la paz social.

Lo primero. El sector Pyme representa el 99 por ciento de los establecimientos industriales de nuestro país y es el sector más golpeado por la política de apertura indiscriminada de importaciones. Revisar rubro por rubro, establecer una política exterior favorable y crear condiciones para competir a mediano plazo. Lo segundo, re-negociar con el FMI, no será tan sencillo. Estamos ante una deuda contraída legítimamente, en un proceso democrático y con un presupuesto avalado por el Congreso Nacional. Se cumplieron todos los pasos y procedimientos. No obstante, la deuda se utilizó para negocios financieros y no para planes de crecimiento que puedan reponerle al Estado los suficientes fondos para cumplir con estas obligaciones. Es plata fugada. Llegará el momento, en el cual el país no tenga como pagar, y si lo hace, será profundizando el ajuste para las mayorías. Este problema obliga a re-negociar.

Por último, contener la paz social, no como ambición de cubrir la crisis, sino para atender las necesidades urgentes de salud, alimentación y trabajo.

La unidad es un camino que la oposición ha señalado como una obligación inexorable. De proponer una única y potente alternativa a Cambiemos, depende en gran parte la posibilidad del triunfo. El camino se está ordenando, pero será necesario asumir que el próximo Presidente o Presidenta no puede fallar, tiene como principal tarea reponer esto y además tiene que hacerlo rápido, dejando de lado su futuro y anteponiendo antes que nada el interés por la Patria, recordando aquel sentimiento de nuestro nacimiento, cuando se aspiró levantar a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación.

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